Review: The Dark Knight Rises

Hace 7 años las historias de vigilantes encapotados dio un vuelco. El director de cintas como Memento e Insomnia le dio una nueva definición a uno de los héroes más clásicos de los cómics. Ya el viejo y oxidado prototipo de hombre de mediana edad, engalanado en mallas y capa, que luchaba contra asaltantes de bancos y  planes de conquistar el mundo estaba desechado de la plataforma del entretenimiento. Nolan retoma a Batman, tras la gran sorpresa de Tim Burton y el desastre de Joel Schumacher, y lo convierte en un individuo vulnerable, lo humaniza y deshumaniza en un entorno que lo rechaza como parasito de esta sociedad. Ahora este 2012 se da el cierre a una de las trilogías más rentables del cine.

The Dark Knight Rises retoma tras 8 años desde que Batman asume los crímenes cometidos por Harvey Dent, Ciudad Gótica es postal de paz y armonía y Bruce Wayne en un arquetípico Howard Hughes enclaustrado en su mansión sufre de las cicatrices que le causaron sus años de vigilante. Tranquilidad permanente hasta la llegada de Bane, un sádico terrorista que forzará a Bruce a salir de su adelantado retiro.

El villano de turno esta en manos de Tom Hardy, quien a través de una gutural voz que rememora el acento de Sean Connery, y su titánica apariencia, recita discursos que galantean con la anarquía, el caos social y una filosofía fatalista. Casi evocando la imagen que dibujo Heath Ledger con su memorable The Joker. Pero la diferencia entre Bane y el Guasón, radica en que el payaso antisistema, es más caprichoso, juega con los prejuicios y expectativas humanas a un modo de autosatisfacción por ver los resultados a sus experimentos sociales, que a fin de cuentas no desean extinguir esta “diversión”. En cambio el personaje interpretado por Hardy, viene a deshacer esta ciudad sin juegos de por medio.

Bruce Wayne, con su fortaleza en decadencia ya no es el de antes y su mente se ha engatusado al momento de saborear nuevamente la emoción de estar en las calles. En Batman Begins vemos un héroe en su adolescencia, que comete errores y busca definirse en esta sociedad, para luego pasar a The Dark Knight, donde en casi su etapa adulta en plenitud ve el fin a esta cruzada solitaria, pero en esta tercera parte, Batman más que Bruce, comienzan a arañar la vejez, impotente por no ser más ante su adversario, cuyos clamores de incapacidad son la única respuesta a una amenaza que menosprecio en potencia y alcance.

Nolan crea sus mundos en base a expectativas no cumplidas, donde los sistemas y reglas no son promesas de que los elementos se comporten como deben. Ello propicia un escenario donde sus protagonistas son víctimas de este, un espectáculo de entretenimiento donde ideologías y filosofías están a la altura de su audiencia. En The Dark Knight Rises, el patrón de anarquía puede que se repita en cuanto a su predecesora, pero se transforma a ratos en una crítica teñida a aires de la Revolución Francesa, con aristócratas que caen presa de los oprimidos, juicios populares, y ejecuciones publicas. Y a la vez sus personajes se mueven en un aire Dickensiano donde la orfandad y las repercusiones de estas son pilares de esta construcción dramática.

The Dark Knight Rises fluye en la promesa de un nuevo enfrentamiento entre el bien y el mal, donde existen éticas cuestionables y discursos morales a pedir de boca, y una sociedad sobre hielo delgado esperando que no ceda ante las malas prácticas. Pero aún así, a pesar de ser el cierre y tener la oportunidad de usar todos los recursos argumentales por enmarañar, no logra ascender sobre su segunda parte. Pues el Guasón le dio ese enfoque psicológico y paranoico que no se logra en esta, una atmosfera donde no se sabe que mente perderá el equilibrio a continuación. Una segunda parte que se enfocó mucho en la incertidumbre de los cómics de “Si Batman es un loco en una ciudad sensata, o un hombre sensato en una ciudad de locos”. Y este enfoque opaca a ratos la crueldad sádica de Bane.

A ratos se extraña la presencia de Alfred, que es el símbolo moral más destellante de la historia, y que junto Joseph Gordon-Levitt hacen de las mejores interpretaciones de esta película, y no dejar de mencionar a Hardy, que a pesar de ceñirse una mascara durante toda la cinta, sus ojos y su actitud logran reflejar todas las emociones pertinentes.

Y sobre el final (advirtiendo a aquellos que no han visto la cinta) con una mezcla de Ángeles & Demonios y Sherlock Holmes: A Game of Shadows, fue un cierre abrupto con una narrativa que a ratos se desconocía de la mano de Nolan, que puede que ambicionaba a forjar una leyenda como anunciaba en sus comerciales, pero que forma un espectáculo brillante, bien orquestado, con mucha tensión en su acción, pero que más allá de una leyenda no alcanza. Sobre todo por los cierres dramáticos y poco comerciales del cual Nolan es principal exponente.

Entretenida en todo momento, sin excepciones, pero con un simbolismo sociopolítico superficial que no ahonda en la naturaleza de  las expectativas como este director pudo hacer.

Calificación: ★★★☆☆

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