Periodismo Decente para Tiempos Indecentes

En el 2007 el Colegio de Periodistas advirtió abiertamente no estudiar Periodismo. Sobre la base de que el mercado estaba colapsado y las oportunidades eran escasas y estas se desvanecían con facilidad. 1 de cada 5 periodistas se hallaba cesante y sólo 2 de cada 5 ejercía como periodista propiamente tal y de ellos, el 87% afirmaba tener un trabajo precario, sin contrato laboral, sueldos inferiores a 250 mil pesos (US$ 500) y sin salud o previsión. Para estudiar esta carrera habría que ser valiente o bastante necio. Yo fui un poco de ambas.

Actualmente, gracias a la globalización y el desarrollo de los medios de comunicación, cualquiera puede hacer el mismo trabajo de periodista que se realizaba hace unos 20 años. Blogs, canales en YouTube, cuentas en Twitter, páginas en Facebook y cualquier red social masificada, se prestan constantemente para que personas de todo el mundo sean capaces de compartir y extender informaciones referidas a sus propias comunidades, junto a opiniones y hechos elaborados a veces por los mismos testigos de las noticias. Por lo que la labor del periodista en el Siglo XXI es otra.

El periodista debe ir más allá de relatar hechos, es contextualizar la noticia, encontrar explicaciones a los fenómenos sociales que aparecen, buscar responsables y de cómo a través de ellos se verá involucrado el público.

Pero el escenario es discrepante. La televisión, que representa muchas veces la fuente principal de contenidos de la población en general; los periódicos, que devoran el ocio de los ciudadanos en su rutina y sitios de internet que son instantáneos en respuesta, todos ellos son cortejados y seducidos por la promesa de masividad e incentivos de sustanciosas remuneraciones económicas, lo que muchas veces desvirtúa el verdadero propósito del periodismo.

Amaro Gómez-Pablos sentenciaba que el recurso más importante de cada nación será la inteligencia de sus ciudadanos. Sin embargo, se nos presenta un sistema que está otorgando contenidos basuras que esta atontando a todo un país. Un círculo vicioso, pues bajas los parámetros y cada vez tendrás una demanda por televisión más idiota, contenidos imbéciles que enriquecen los bolsillos de sus productoras pero empobrecen la mentalidad de las personas.

El problema yace en que los programas de contenido deben competir por audiencias asiduas a programas menos exigentes, a veces en los mismos horarios, y para sobrevivir deben incorporarse a este sistema.

Los programas se construyen sobre una necesidad de rating y los diarios en lectura. Las grandes corporaciones de medios apuestan por ofertas ajenas a la relevancia e información, para así  acaparar un mayor número de espectadores que la competencia  y financiarse con el avisaje de las empresas más rentables. Las compañías se excusan del contenido usando argumentos como: la gente no observaría, no mostraría interés y que son muy complacientes y desinteresados de la realidad que también es suya. Lo cual es incierto y la evidencia es considerable. Es cosa de observar cuantas multitudes son convocadas en las calles en pos de un futuro mejor.

El periodismo es un servicio público. Un servicio encargado de entregarle a la población las herramientas y los conocimientos para tomar las decisiones que dan forma al mañana, de elegir de manera informada a los políticos que gobernarán este país. Y ser testigos de los hechos que a veces son omitidos, tanto nacional como mundial, de la que siempre seremos completamente vulnerables.

Las cadenas y medios en cambio prefieren alimentar la controversia, exagerar los miedos y polemizar problemas circulares, en un intento de recurrir más a las emociones que a la racionalidad de sus observadores, transformándose en cómplices de los gobiernos que poseemos y de que nos haga falta un gobierno que merecemos.

A la larga la ignorancia es una bomba de tiempo. Nos quita las facultades de solucionar nuestros problemas y del espectro que tenemos de las cosas, pues la gente vota desinformada y evalúa a sus mandatarios a veces con las mismas incapacidades. Lo que nos coloca en una incertidumbre constante y un retrato ajeno a lo que vemos en la calle, mientras los que controlan el país se regocijan de su inmunidad a los grandes problemas.

Mi llamado no es a eliminar los programas poco exigentes, pero sí a renovar los espacios que nos enriquezcan como ciudadanos de esta democracia, escuchar el mensaje que da nuestra población, de que la audiencia cambió y se debe llegar a ésta de manera fresca y actualizada.

La razón porque muchos no lo hacen es debido a que la antigua manera es más fácil, y más provechosa, pues es muy rico recibir entretenimiento las 24 horas del día. Sin embargo,  cuando no haces la tarea y sales constantemente a recreo, no puedes esperar que tus resultados sean los mejores.

Y a la larga ¿Quién paga el precio?

Yo antes de estudiar Periodismo, estudiaba Ingeniería Comercial. Y si de querer venderme al sistema y hacerme rico, me habría quedado estudiando economía. Se que no ganaré mucho como periodista, pero por lo menos puedo estar orgulloso que mi moral y el sacrificio sean reflejo de que estaré haciendo lo correcto.

Chile es un país hermoso. Tiene una riqueza cultural enorme, tiene 2 premios Nobel en Literatura, embajadores de gran parte de las áreas intelectuales en distintos rincones del mundo y una tradición que añora y se respira en el rostro de cada chileno. No desperdiciemos lo que tenemos, no derrochemos. Hagamos de Chile el país que se merece, crezcamos dando el ejemplo, seamos personas decentes en tiempos de indecencia.

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