Ballad of a Hipster

Vintage, alternativo, cultura diferente, lentes Wayfarer, camisas de franela, son conceptos relacionado a “el Hipster”, una suerte de  fenómeno social que ha llamado la atención en estos últimos años. Una derivación de los grupos urbanos que se destaca como la antítesis de las actuales; una cultura de una dualidad del ser y el no ser. O como diría el maestro Nicanor Parra una anti-moda.

Hipster viene de una palabra Africana llamada Hepikat, que al traducirla obtenemos algo como “aquél cuyos ojos están abiertos”, y ahí derivó en Hepcat, y ya en los años 40 para  pasar como Hip, para referirse a aquellos que conocían la emergente subcultura afroamericana, tales como el jazz originario de Nueva Orleans.

Ya con el paso de las generaciones, vemos que el Hipster tuvo sus abuelos hippies en la década del 60 y sus padres yuppies en los 80. Para transformarse en esta nueva manifestación del paradigma moderno a comienzos de este siglo, un resultado de los actos que han llevado este movimiento intelectual y cultural.

Pues la modernidad se funde en la historia enmascarada como promesa, en un cuento para dormir con el que los hombres pueden descansar por las noches. Tal vez una de los peores estimaciones de mercado en la historia.

Esta propuesta de los hombres intelectuales del siglo XIX, se construye al establecer metas, objetivos en que los individuos a través de su lógica y razonamiento se exigen horizontes más lejanos de lo conocido, como el sapere aude de Kant. Y con ello este desafío les prometía desarrollo, felicidad y bienestar en una continua “Igualdad, Libertad y Fraternidad”. Y a más de 200 años, la promesa esta lejos de cumplirse.

Aún así esta Modernidad, ha presentado ciertos encantos que han cortejado los placeres humanos. Es así como nacen personajes como el flâneur y el Fausto de Goethe. El flâneur representa al paseante, a aquél hombre que camina por el laberinto que conoce como ciudad que recorre, examina y cuestiona. Como “aquél cuyo ojos están abiertos”.  Y por otro lado tenemos al Fausto, un hombre erudito, que utiliza su alma como moneda de cambio con tal de adquirir conocimiento ilimitado y placeres mundanos, una víctima de este movimiento.

Como una de las tantas curiosidades de la Era Moderna, se produce una Mascarada, donde la vida es una fiesta donde las personas se forjan una coraza a su gusto para encajar en este carnaval. Morris Berman lo describe perfectamente como “falso sí mismo”, donde la gente se transmuta en cuanto a su persona para lograr las metas que desea establecer.

Paul Johnson, historiador y periodista, muy crítico de la sociedad actual, comenta en uno de sus muchos artículos que el objetivo de las personas se produce cuando han adquirido cierto poder adquisitivo, y esto conlleva a distinguirse de los demás. De diferenciarse a través del alejamiento del resto. No es de extrañar que el Hipster abunde en la clase media-alta. Y sus gustos abunden entre lo alternativo y lo ajeno a las masas. Una especie de distinción cultural.

Finalmente  la modernidad enfrenta uno de sus mayores bastardos como es el pop. Con la reiteración de comportamientos, pensamientos y cultura. Y el Hipster también fue víctima de ello. El pop echa abajo a los principios y concepciones originales, por lucir una mala interpretación de lo que antes fue, facilitando temas agudos a las masas. En consecuencia esta subcultura es tan accesible como vestirse en la mañana.

Y de esta manera no es extraño que por los centros urbanos de la ciudad, seamos testigo que en calles perfumadas en bohemia y vintage, hallemos grupos de Hipsters, pues las subculturas entre si tienen un magnetismo y  síndrome del ombligo, en que cada oveja con su pareja, y el creer “ameno” conversar con alguien con los mismos principios, ideas u opiniones que yo. Por eso tenemos agrupaciones jóvenes muy similares en su uniforme, y en su pensar.

Actualmente no sabemos a donde nos llevará la modernidad, pero sin embargo nos estamos preparando para ello, supuestamente. Predecir el futuro y prescribir en cuanto a ello, ha sido la misión de los actuales pensadores modernos. Mientras tanto el Hipster, el actual flâneur, se pasea, crítica y maravilla de la realidades que hemos logrado, ¿pero quién sabe? Sobre todo cuando este personaje mantiene el anonimato de su propia definición, casi como un fantasma urbano que en la masividad esta adquiriendo más corporalidad.

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3 comentarios en “Ballad of a Hipster

  1. Puta Alejandro, qué te puedo decir.
    Primero, que río contigo al leer esto, por el hecho de que encuentro de un nivel -sublimante- como lograste unir y sintetizar todo lo aprendido con A.P. en modernidad y definitivamente te veo muy talentoso.
    Gracias por escribir.

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