Review: Mad Men, 5ta Temporada

“Sólo vives dos veces”.

  En el 2010, tras finalizar la cuarta temporada de Mad Men; esta toma un receso para poder concretar lo que serían sus dos últimas temporadas. Ahora este 2012 tras una fuerte campaña de publicidad (irónicamente) se anunciaba que en marzo de este año volvía el deseo, el libertinaje, la lujuria, los celos y las mentiras;  la serie que ha ganado el Emmy por Mejor Drama en cada una de sus 4 temporadas había vuelto.

Mad Men no es de aquellas series que podemos seguir con ojo perezoso. Muchos de los atisbos que construyen su narrativa, son pequeños y exactos guiños que juegan con una línea de comprensión de una audiencia más aguda. Pues tal como hacía Steve McQueen en Shame, las partes más esenciales de su historia no se afirman en diálogos, pues a veces la mirada entre dos personajes, el escenario montado en un lugar determinado o el simple manejo de la cámara, logran efectos que superan las líneas mejor hiladas. No obstante a la hora de usar sus palabras, la serie revierte el sagrado silencio que ha guardado hasta ese entonces, en un majestuoso discurso.

Esta temporada daba su primera pista con el afiche promocional, en que Donald Draper observa una vitrina con dos maniquíes, uno elegante de rasgos masculinos vestido de bata y sentado en un sitial, el otro de facciones femeninas, desvestido y casi con una fisonomía de expectación ante el otro. Una augurio de lo que sucederá con Megan esta temporada.

En el último episodio a la fecha, Campbell al ver a Beth, a modo de Epifanía y monologo, confiesa cuales son sus impulsos que lo llevan a engañar a su esposa: “Necesitaba desahogarse, necesitaba algo de aventura, sentirse bello de nuevo. Necesitaba saber que no era un don nadie. Que todo ese envejecer estaba sirviendo de algo, porque sabía cosas que los más jóvenes desconocían aún. Y entonces se dio cuenta que lo que tenía tampoco encajaba, y que su vida con su familia era un parche temporal sobre una herida permanente”.

Discurso que implícitamente involucra a gran parte de sus personajes. Sally Draper siendo la menor de este elenco, es la observadora de este mundo de constantes revoluciones y permanente cambio, que la incitan a probar todos estos nuevos dulces que aparecen en vitrina, pero con el vacilante miedo de que pierda su niñez, como salir con el chico que su madre le prohíbe ver, pero corriendo a los brazos de su madre al momento de llegar su primera regla.

Joan, la mujer detrás de Sterling Cooper Draper Pryce, tiene esa revelación que tuvo Peggy hace unas temporadas, de como sobrevivir en un mundo de hombres, pues su ideal de manejar a ellos con el “pueden ver, pero no pueden tocar”, no le sirve para sus ambiciones actuales, de criar su hijo como madre independiente y sin ataduras.

Si colocamos en paralelo a aquellos que forman esta agencia de publicidad y sus personas relacionadas, todos sucumben en una cruzada por hallar felicidad, por encontrarse en un lugar que no les es ajeno, por sentir más allá de esa esencia que describía el director creativo de Sterling Cooper, en el piloto de la serie. Una infructuosa búsqueda que persiste a pesar de los placeres que tengan, y de que su memoria los mantenga aferrados a no progresar.

Pete Campbell, se jacta de su bondad y eficiencia, es martirizante en cuanto a sus lamentaciones y con amplios delirios de grandeza; y en esta temporada esta empezando a pagar episodio tras episodio de la egolatría y soberbia con que se desplaza en su vida. No es Pete el valiente o el grande. Es cobarde, arrogante y auto humillante, un hombre que puede ser feliz, pero no puede, porque el así lo desea. Pues Trudy, es una buena esposa, pero su ego y hambre de grandeza no le deja ver.

El final de la quinta temporada lleva como título “Fantasma”, fantasma por la aparición de Adam Whitman, el hermano de Don. Quien aparece sin sorpresa, después de que Lane se haya colgado (tal como lo hizo Adam), para recordarle que esta podrido sin importar lo que haga. Fantasma por la carrera de Megan, de como le persigue el querer ser artista. Fantasma por la voz de Roger que no responde al teléfono. Y fantasma por la vieja vida de Don.

Quien se encierra a observar la prueba de cámara de su esposa. Y la ve diferente. Tal como un hombre ve una fotografía de su novia en su billetera. La ve perfecta, incorruptible, cuya esencia ha sido aislada y capturada en un fotograma, y aún así es ella, su esposa, su amante, su secretaria. Y da inicio a una catarsis que sólo él puede conocer. Y una vez que Megan puede participar como actriz en un comercial, el ciclo se cumple. Y se produce uno de los símbolos más notables de este final. Don se aleja del escenario en que su esposa esta interpretando, se aleja de su isla, se mueve fuera de su mundo.

Y se escucha You Only Live Twice de Nancy Sinatra. Enmarcado su segunda vida, si contamos su tiempo con Betty como la primera.

Don se da cuenta que el será lo que siempre ha sido, un hombre que vive el hoy como si no hubiera un mañana, pues no lo hay. Pues su audiencia siempre querrá la redención del protagonista, de que al igual, que cuando decide volver a  casa en el final de la primera temporada, nacerá siempre esa ansiedad por ver a Don como el hombre correcto. Y cuando la chica en el bar le pregunta si esta solo, la elección es de él. Por ello se va a negro, pues Donald Draper no tiene cuentas a quien rendirle, ni siquiera a su audiencia.

 

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